La lucha y la Fe hacen realidad los sueños


Hola amig@s jucarian@s, os transcribo otro artículo.

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También os envío un artículo que se publicará en el mes de abril 2009 en la Revista Carmelita Escapulario del Carmen y que hace referencia a la escuela. La historia del pequeño Moisés no puede dejar indiferente a nadie. Recibid un fuerte abrazo y continuad apostando por un mundo nuevo.

Paco Daza

LA LUCHA Y LA FE HACEN REALIDAD LOS SUEÑOS

Deseo presentaros a Moisés Zallé, un niño de trece años que asiste a la escuela nocturna que los carmelitas hemos abierto en Ouagadougou para adolescentes y jóvenes que no tienen posibilidad de estudiar. Moisés posee un alto coeficiente intelectual; es el primero de su clase.

Su profesor me hablaba mucho de él y un día le pedí poder visitar a su familia. Al día siguiente, por la mañana temprano, Moisés vino a nuestra comunidad para acompañarme a su casa y, así, poder conocer a sus padres; después de un largo recorrido tuve ante mí la realidad de este niño. Es lo que paso a relataros como si lo estuviese viviendo en estos momentos. Su padre, Etienne, con cincuenta años aunque aparenta muchos más, está a la sombra de un árbol tumbado y tiene mucha dificultad para moverse porque el reuma no le deja; me dice que cuando pase la temporada de frío recuperará el movimiento. Me cuenta que todos los años es lo mismo y me sonríe. Su madre Salimata, con cuarenta y cinco años, me impresiona por la serenidad de su rostro y la gentileza con que nos recibe bajo el árbol. Pregunto por la vivienda y me dicen que no tienen y que unos paisanos les permiten dormir en la suya. Me explican que hace un año cuidaban una casa, pero el propietario, que estaba enfermo como Etienne, pensando que iba a morir les pidió que se fueran.

Sus hermanos, Awa, una chica de dieciocho años, Sylvain, de diez años y Patoé, una niña de siete años, junto a su madre criban arena y graba que sacan de los alrededores para conseguir algo de dinero y comer al menos una vez al día. En medio de esta realidad difícil de aceptar, cada uno de los miembros de esta familia mantiene la esperanza. Moisés quiere ser militar, Awa desea aprender a coser para ganarse la vida, Sylvain va a ser mecánico y Patoé simplemente observa en silencio. No poseen nada, pero confían en Dios que no les va a abandonar. Este observador de poca fe que escribe estas líneas lo único que alcanzó a decir fue: ¡Señor aumenta mi fe! Hoy Awa ha entrado en el taller de costura que gracias a muchos de vosotros hemos abierto y en el que puede comer cada día. Los tres pequeños están en uno de los comedores que también financiáis y esperamos poder escolarizar en el futuro a Sylvain y Patoé. Esta historia no es especial; es la realidad de millones de familias que en medio del hambre y la pobreza esperan y confían en Dios. Nosotros no podemos cambiar esta realidad de pobreza, aunque en el fondo de nuestro corazón es lo que mas desearíamos; solo logramos ayudar a algunos en la medida en que todos colaboramos.

La escuela nocturna, en la que además se les da la cena después de las clases, es una puerta abierta a la esperanza para estos jóvenes a los que nadie, hasta ahora, les había tendido una mano y en este momento, cada uno de ellos, tiene un gran sueño que, yo estoy seguro, Dios va apoyar.

¡Que el Señor bendiga a cada uno de los que hacen posible que Moisés y sus compañeros tengan un sueño por el que luchar!

Alejandro Peñalta Mohedano, O. Carm

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Comentarios

la sonrisa, la esperanza, la fe, la confianza en Dios… ¡¡cuanto tenemos que aprender!!
¿Será que nos sobran cosas para poder tener todo eso que llena de verdad, de autenticidad… de sentido la vida? ¿Tendremos que salir a la intemperie?
Un saludo a todos.